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Colombia. Primero de Mayo de 2007

¡Proletarios de todos los países, Uníos!

¡LOS COMUNISTAS Y EL PUEBLO INSISTIMOS EN QUE OTRA COLOMBIA ES POSIBLE, Y NOS RESISTIMOS A QUE SEA DE UNIS POCOS!

En este Primero de Mayo, Día Internacional de la Clase Obrera, el PCC-M quiere compartir con el pueblo y los demás revolucionarios de Colombia y el mundo, su visión sobre la situación nacional actual, la condición del campo revolucionario, los desafíos y retos que hoy se nos presentan.

Nos encontramos en el punto de quiebre entre un periodo histórico que termina y uno que inicia, marcado por varios acontecimientos de la lucha de clases y sus manifestaciones en lo económico, político, militar, social e ideológico.

El periodo histórico que termina se puede caracterizar, a grandes rasgos, por el triunfo parcial del proyecto fascista que empezó en la década de 1980 y la derrota temporal del campo revolucionario, que no logró avanzar el proceso de la revolución democrática para impulsar la revolución socialista. Un sector emergente de las clases dominantes, apoyada por el imperialismo norteamericano, impuso a sangre, fuego y terror un nuevo régimen de acumulación de capital, tierra y poder, que beneficia a un puñado de burgueses monopolistas, de grandes terratenientes, narcotraficantes, sectores de la cúpula del clero y de las fuerzas militares y paramilitares.

Las clases dominantes desarrollaron el capitalismo burocrático en el campo y la ciudad, ampliando la desigualdad social, al deteriorar las condiciones de vida del conjunto del pueblo colombiano, restringir los espacios democráticos, mercantilizar la naturaleza y los servicios básicos (salud, educación, agua potable y demás) y entregar al capital privado las empresas sociales del estado.

Tal proceso de acumulación de capital, tierra y poder se hizo en medio del más grande baño de sangre que el pueblo y los revolucionarios hayamos soportado en los últimos 50 años, miles de muertos que son desenterrados de fosas clandestinas de las haciendas de burgueses, terratenientes y narcos, incluidas haciendas de la familia presidencial; tres millones de desplazados y cientos de miles de amenazados, expatriados, encarcelados y silenciados. El triunfo relativo de las clases dominantes ha tenido un alto costo para el pueblo.

Todo esto debe ser analizado de manera autocrítica y reflexiva por el conjunto de los revolucionarios, especialmente el no haber logrado aprovechar los momentos históricos para la unidad y confluencia del sector democrático y revolucionario entre 1984 – 1991 (coordinación de ejércitos, organizaciones de masas y fuerzas políticas) y luego entre 1998 y 2002 con la zona de despeje. Así como debemos reconocer nuestra deficiente capacidad de unirnos estratégicamente para enfrentar al enemigo y solucionar los grandes problemas del país, la nación y el pueblo colombiano, también debemos reconocer la capacidad de lucha, heroísmo y recomposición de las fuerzas progresista y revolucionarias.

Hoy nos enfrentamos a una nueva situación nacional que nos exige partir de todo lo aprendido, fortalecer las organizaciones políticas, sociales y armadas del pueblo y esforzarnos por no repetir los errores que minaron nuestra capacidad para construir una nueva sociedad colombiana. Por ello es muy importante que cese el enfrentamiento entre las FARC y el ELN y la lucha sectaria y hegemónica en todas las esferas donde se desarrolla la lucha de las organizaciones revolucionarias. Apoyar todas las formas de oposición como el Polo Democrático para que se avance en el camino de la unidad entre fuerzas progresistas, democráticas y revolucionarias.

Hoy el papel de los comunistas en Colombia es el de establecer un plan paciente, constante y persuasivo con las amplias masas para ayudarlas a entender lo ocurrido, darles fuerza y optimismo y prepararlas para “la lucha por el poder, la democracia y el socialismo”. Es necesario que en ese proceso los planteamientos comunistas puedan ser llevados a grandes sectores de población luchando contra la campaña anticomunista y los prejuicios ideológicos.

Creemos firmemente que otra Colombia es posible, no en manos de las clases dominantes sino en las manos del pueblo; para ello requerimos un periodo de recomposición de las fuerzas revolucionarias y sociales del pueblo, para fortalecer e incrementar la capacidad orgánica, política y de beligerancia de las organizaciones de los trabajadores, los campesinos, los estudiantes, los pobladores urbanos, los jóvenes, las mujeres, y principalmente las fuerzas políticas de los comunistas y revolucionarios: sus partidos y sus ejércitos.

¡Los comunistas y el pueblo insistimos en que otra Colombia es posible, y nos resistimos a que sea de unos pocos!

¡Viva el Primero de Mayo, Día internacional de la clase obrera!

PARTIDO COMUNSTA DE COLOMBIA - MAOISTA

PCC – M, Mayo 2007